Digamos que ella no quería, pero que lo estaba deseando. Paseaba del brazo con su recuerdo por todas las horas de la vida, aunque especialmente cuando la luna pinta de sombras los enseres cotidianos. Imaginaba a trompicones, digamos que a deshoras, encuentros fortuitos que empezaban en verso y acababan en prosa. Pero si le preguntaran, … Sigue leyendo Digamos que…
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