
{"id":9485,"date":"2024-10-15T03:00:00","date_gmt":"2024-10-15T01:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/instanteca.profepaco.es\/?p=9485"},"modified":"2025-06-02T15:45:08","modified_gmt":"2025-06-02T13:45:08","slug":"anomalias-de-la-suerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/instanteca.profepaco.es\/?p=9485","title":{"rendered":"Anomal\u00edas de la suerte"},"content":{"rendered":"<p>Al d\u00eda siguiente, nadie gan\u00f3. Nadie sali\u00f3 airoso de los avatares de la fortuna, nadie escap\u00f3 del atasco, nadie encontr\u00f3 una herradura y en todas las margaritas siempre sal\u00eda que no.<\/p>\n<p> La suerte estaba dormida, decidida a tomar un descanso, y durante el siguiente a\u00f1o, nadie se sinti\u00f3 afortunado. La bolsa poco a poco se fue apagando porque nadie quer\u00eda arriesgarse y, con ella, la econom\u00eda del pa\u00eds. Nadie gan\u00f3 la loter\u00eda, ni acert\u00f3 quinielas y los partidos de baloncesto acababan en empate con los jugadores extenuados entre pitos de un p\u00fablico sin emoci\u00f3n.<\/p>\n<p> No se diagnosticaban a tiempo las enfermedades ni los tratamientos acertaban por casualidad. Los humanos se volvieron taciturnos, irascibles, asustados y desapareci\u00f3 por completo, a\u00fan m\u00e1s, todo rastro de solidaridad. Hubo revueltas en las calles y aunque no cayeron gobiernos \u0097porque los gobernantes siempre saben flotar como chapapote\u0097 hubo cambios desesperados de carteras y muchos nervios en los padres de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p> Los adivinos, al principio, aumentaron sus ingresos de forma descomunal pero al cabo de unos meses tuvieron que cerrar el negocio y ponerse a trabajar por falta de clientes. Quebraron una a una las compa\u00f1\u00edas de seguros, los bancos dejaron de hacer hipotecas por miedo a los morosos que cada vez eran m\u00e1s.<\/p>\n<p> S\u00f3lo las religiones y los camellos supieron c\u00f3mo vender salvaci\u00f3n a un pueblo que andaba escaso de felicidad. Llegaron a importantes acuerdos con un gobierno desesperado que se resist\u00eda a dejar los sillones que tanto gasto de promesas temerarias les hab\u00eda costado usurpar.<\/p>\n<p> Y, como es bien sabido por todos los que no hacen nunca nada al respecto, no importa cu\u00e1l sea la guerra, que siempre la ganan los mismos. Las mafias hicieron agosto vendiendo todo tipo de artilugios para matar: los que matan de lejos, los que matan de cerca, los que matan poco a poco, los que matan a muchos y, sobre todo, los que nos dejan a todos muertos de miedo.<\/p>\n<p> Cuando la suerte despert\u00f3 de su letargo y contempl\u00f3 el impacto profundo que su ausencia hab\u00eda provocado, quiso hacer algo nuevo. Decidi\u00f3 enviar cartas con una semana de antelaci\u00f3n, anunciando buena fortuna a los destinatarios. Disfrazada de varios modos para no ser reconocida, se dedic\u00f3 a pasear por el mundo repartiendo misivas que, al principio, la gente aceptaba con prevenci\u00f3n.<\/p>\n<p> Hasta que los peri\u00f3dicos descubrieron al primer afortunado cuando sal\u00eda ileso de un accidente ferroviario. Ataron cabos, hicieron pesquisas y encontraron el hilo conductor de las cartas. Y, claro, la noticia corri\u00f3 como la p\u00f3lvora. Tanto corri\u00f3 y tan deprisa, que muchos pensaron, no sin algo de raz\u00f3n, que seguramente ser\u00eda mentira.<\/p>\n<p> No voy a extenderme en detallar c\u00f3mo las mafias volvieron a ganar con falsificaciones y venta de protecci\u00f3n a los afortunados, ni c\u00f3mo la envidia xen\u00f3foba termin\u00f3 atacando a los desconocidos a quienes se sorprend\u00eda entregando papeles a los vecinos. Tampoco es necesaria mucha imaginaci\u00f3n para adivinar que hubo un nuevo reflote de la religi\u00f3n y del tr\u00e1fico de drogas.<\/p>\n<p> Baste decir que la suerte no tuvo suerte y no acert\u00f3 con sus misivas. B\u00e1sicamente, porque cuando la suerte se anuncia con antelaci\u00f3n, deja de ser suerte y se transforma en deuda, y todas las deudas siempre avivan el miedo. Y los te\u00f3ricamente afortunados, tuvieron que acabar escondi\u00e9ndose de la envidia de los dem\u00e1s y deseando tener la suerte de que no se notase su suerte.<\/p>\n<p> Hasta que, directamente, cuando la suerte quiso entregar una carta de las tantas que repart\u00eda, el afortunado la rechaz\u00f3. La suerte lo intent\u00f3 varias veces siempre con el mismo resultado. Picada por la curiosidad, adopt\u00f3 forma de mujer y se infiltr\u00f3 con paciencia en la vida de aquel escritor aficionado, que a eso se dedicaba el susodicho, hasta el punto que se enamor\u00f3. No se sabe bien si de \u00e9l mismo o de sus letras.<\/p>\n<p> El caso es que, una noche, \u00e9l la invit\u00f3 a su casa con la timidez de quien nunca espera fortuna. Y ella acept\u00f3 pensando en entregar la carta, pero se dej\u00f3 llevar por las hormonas adquiridas en su cuerpo de mujer.<\/p>\n<p> Nunca entreg\u00f3 la carta, nunca se separ\u00f3 de su disfraz. Aquella noche yacieron y exprimieron la luna hasta el amanecer a fuerza de reventar los sentidos. Cuando un rayo de sol que atraves\u00f3 un agujero de la persiana los sorprendi\u00f3 abrazados en la cama y despertaron, \u00e9l, en lugar de buenos d\u00edas, le confes\u00f3 en voz alta:<\/p>\n<p> \u0097\u2014\u0097La suerte quiso entregarme la carta, pero yo la rechaz\u00e9. Y, sin embargo, al despertar y tenerte todav\u00eda en mis brazos, me he sentido el hombre m\u00e1s afortunado del mundo. La suerte s\u00f3lo es un sentimiento.<\/p>\n<p> Ella no contest\u00f3 y se qued\u00f3 pensativa. Se qued\u00f3 absorta, concentrada, incluso parec\u00eda adivinarse que preocupada. Se qued\u00f3 reflexionando sobre lo ocurrido, sobre lo escuchado y sobre lo vivido. Se qued\u00f3 indecisa, triste y alegre, real y ficticia, nerviosa y tranquila. Pero se qued\u00f3.<\/p>\n<p> Y, al d\u00eda siguiente, nadie gan\u00f3. Bueno, nadie&#8230; excepto yo.<\/p>\n<p> * * * * *<\/p>\n<p> Este texto imaginario est\u00e1 basado en un hecho real, cuya lectura recomiendo fervientemente. Se trata de \u00abLas intermitencias de la muerte\u00bb de Jos\u00e9 Saramago, gran escritor portugu\u00e9s ganador del premio Nobel de Literatura en 1998.<\/p>\n<p> Y quiero dedic\u00e1rselo a la suerte. A la suerte de haberte conocido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al d\u00eda siguiente, nadie gan\u00f3. Nadie sali\u00f3 airoso de los avatares de la fortuna, nadie escap\u00f3 del atasco, nadie encontr\u00f3 una herradura y en todas las margaritas siempre sal\u00eda que no. 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