
{"id":9305,"date":"2025-04-13T03:00:00","date_gmt":"2025-04-13T01:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/instanteca.profepaco.es\/?p=9305"},"modified":"2025-06-02T15:45:00","modified_gmt":"2025-06-02T13:45:00","slug":"cuento-la-princesa-y-el-buho","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/instanteca.profepaco.es\/?p=9305","title":{"rendered":"Cuento: La princesa y el b\u00faho"},"content":{"rendered":"<p>\u00c9rase una vez, en un tiempo lejano e inaccesible para la memoria, una princesa joven y hermosa, como todas las que habitan cuentos, que viv\u00eda en un castillo amplio y fr\u00edo, con vistas sublimes a un mar azul turquesa y a una monta\u00f1a tan blanca como lejana.<\/p>\n<p> Su habitaci\u00f3n estaba en una de las torres m\u00e1s solemnes y altas del edificio, que, aunque un poco desvencijado por fuera, manten\u00eda por dentro un esplendor s\u00f3lo igualable al de los sue\u00f1os hermosos.<\/p>\n<p> Sus padres, reyes ellos, claro, eran sus \u00fanicos padres; ella correspond\u00eda a ese gesto siendo su hija \u00fanica y m\u00e1s querida. La amaban con locura, eso s\u00ed, locura real con etiqueta de gala, y no descuidaban ning\u00fan aspecto de su educaci\u00f3n ni de su crecimiento. Tal era su mimo, que organizaban fiestas y espect\u00e1culos cada noche para divertirla, para entretenerla, para mantener su mente despierta y, de camino, para demostrarle su afecto sin tener que dirigirle la palabra m\u00e1s de lo imprescindible, que ya se sabe que es una forma de querer que a veces tienen los padres.<\/p>\n<p> A pesar de sus desvelos, o precisamente por ellos, la princesa Bij\u00edn [Biy\u00edn], como la conoc\u00edan los s\u00fabditos, aunque no era este su verdadero nombre, ten\u00eda problemas de insomnio. \u00a1S\u00ed, s\u00ed! El destino es juguet\u00f3n y travieso en los cuentos, lo mismo que en la vida. Y aunque nunca lleg\u00f3 a ser la \u00abPrincesa Desvelada\u00bb, este asunto tra\u00eda a toda la familia buenas dosis de preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p> El caso es que Bij\u00edn no pod\u00eda conciliar bien el sue\u00f1o. No era miedo a la oscuridad ni otros problemas del estilo; sino m\u00e1s bien una ausencia, una curiosidad, un qu\u00e9 s\u00e9 yo que pon\u00eda su cabeza a funcionar aceleradamente en cuanto se recostaba a solas en lo alto de aquel torre\u00f3n. Ve\u00eda pasar las horas, las lunas, las estrellas y las sombras. Contaba ovejas, corderos, hormigas&#8230; Pero s\u00f3lo cuando el sol iba esclareciendo la madrugada, el cansancio la venc\u00eda y pod\u00eda, por fin, cerrar los ojos un ratito, aunque el sue\u00f1o nunca llegaba.<\/p>\n<p> Prob\u00f3 todos los tratamientos que sus padres pudieron pagar, que fueron muchos. Todos los remedios y todas las curas fueron fracasando mientras la princesa crec\u00eda m\u00e1s r\u00e1pidamente en cada primavera. Hasta que al final, dej\u00f3 de tomar potingues y brebajes, y decidi\u00f3 aceptar aquella situaci\u00f3n con resignaci\u00f3n.<\/p>\n<p> Una de esas noches de insomnio y pensamientos, la princesa observ\u00f3 con sorpresa como un gran b\u00faho de ojos penetrantes decidi\u00f3 reposar sobre el alf\u00e9izar de su ventana. Este elegante p\u00e1jaro, seguramente hambriento y en labores de caza, andaba un poco equivocado de cuento, porque, como es bien sabido, los ratones de los que se alimenta no son bien recibidos en las casas de alcurnia y abolengo, salvo quiz\u00e1, en la de Cenicienta.<\/p>\n<p> \u2014\u00bfPorqu\u00e9 me miras de par en par con esos ojos tan inquietos? \u0096\u2014dijo el b\u00faho, dirigi\u00e9ndose a la princesa que, efectivamente, lo miraba con curiosidad.<\/p>\n<p> \u2014Porque son los \u00fanicos que tengo \u0096\u2014respondi\u00f3 la princesa, un poquito inc\u00f3moda ante las palabras de aquel animal que se atrev\u00eda hablarle sin ni siquiera haberle sido presentado\u2014. Soy la princesa Bij\u00edn y este es mi cuarto as\u00ed que te agradecer\u00eda que&#8230;<\/p>\n<p> \u2014\u00a1S\u00ed, s\u00ed! \u2014interrumpi\u00f3 el b\u00faho groseramente\u2014\u0096 ya s\u00e9 qui\u00e9n eres, no me calientes la cabeza. S\u00f3lo he parado en esta ventanita a descansar un poco. No pens\u00e9 que hubiera nadie despierto a estas horas. Me arreglo un poquito las plumas y te dejo tranquila.<\/p>\n<p> \u2014No. Espera. Realmente no me molestas y siento mucha curiosidad&#8230; \u00bfA d\u00f3nde vas con tanta prisa?<\/p>\n<p> \u2014No tengo ni idea de qu\u00e9 significa prisa \u2014respondi\u00f3 el b\u00faho cargado de soberbia\u2014, seguro que es cosa de humanos. Y no voy a ning\u00fan sitio en especial. Sencillamente, me dedico a vivir en el mundo y admirar sus maravillas. Por ejemplo, la semana pasada estuve en una monta\u00f1a roja que hay m\u00e1s all\u00e1 del mar disfrutando de un amanecer bell\u00edsimo.<\/p>\n<p> \u2014\u00a1C\u00f3mo me gustar\u00eda ver las maravillas del mundo que han contemplado tus ojos! \u0096\u2014exclam\u00f3 la princesa incapaz de ocultar su asombro.<\/p>\n<p> El b\u00faho, nocturno y solitario como alma en pena, con poca experiencia en el trato con humanos, sucumbi\u00f3 ante la inocencia que sacud\u00eda las palabras de Bij\u00edn. Le ofreci\u00f3 compartir las bellezas que hab\u00eda visto a lo largo de los a\u00f1os, utilizando para ello un colgante que apareci\u00f3 sobre su cuello y en el que la princesa clav\u00f3 su mirada.<\/p>\n<p> \u2014\u00bfQu\u00e9 es \u00e9ste prodigio? Antes no ten\u00edas nada en el cuello, me fij\u00e9 muy bien.<\/p>\n<p> \u0096\u2014No pod\u00edas verlo \u0096\u2014respondi\u00f3 el ave\u2014, porque es un espejo m\u00e1gico que s\u00f3lo aparece cuando yo decido que lo haga. \u00c9l guarda en su interior las im\u00e1genes de todo lo que he visto en mis viajes. Ven, ac\u00e9rcate, y mira por \u00e9l. Te mostrar\u00e1 todo lo que vieron mis ojos.<\/p>\n<p> Aquella noche no fue suficiente para calmar la sed de mundo de la princesa. Miraba con ojos desorbitados y at\u00f3nitos. Paisajes, animales y personas se entremezclaban en unas im\u00e1genes n\u00edtidas y cautivadoras que sal\u00edan de aquel objeto mudo, embriagador, brillante. Por primera vez en su vida, o por lo menos que yo sepa, tras aquel espect\u00e1culo deslumbrante, Bij\u00edn fue vencida por el sue\u00f1o.<\/p>\n<p> As\u00ed fue que el b\u00faho, enternecido por la curiosidad de la princesa, volv\u00eda cada noche al mismo alf\u00e9izar de la misma ventana de la misma torre, para volver a mostrar las mismas maravillas que se encerraban en el mismo espejo a la misma princesa. Pero que nadie se equivoque: nada era igual a la noche anterior, porque los misterios siempre tienen mil caras y el pensamiento los difumina y los recrea.<\/p>\n<p> Princesa y b\u00faho, amigos desde entonces, se contaron secretos a la luz del espejo, descubrieron la amplitud del universo, esparcieron su asombro ante las lunas que, a veces menguaban, y a veces crec\u00edan; olvidaron la soledad de las noches y, al final, se alegraron de perder todas las partidas contra el sue\u00f1o.<\/p>\n<p> Ella aprendi\u00f3, quiz\u00e1 sin esperarlo. \u00c9l record\u00f3, quiz\u00e1 sin desearlo. Sobre todo aquella noche en la que Bij\u00edn repar\u00f3 en un rostro que sal\u00eda del espejo, en un paisaje desconocido, en un tiempo indefinido. El b\u00faho tambi\u00e9n presinti\u00f3 una sacudida extra\u00f1a cuando la princesa le interrog\u00f3.<\/p>\n<p> \u2014\u00bfQui\u00e9n era? No he podido ver bien su cara, pero he notado claramente una calidez que me resulta muy familiar\u0096 \u2014pregunt\u00f3 la princesa intentando susurrar, como si no quisiera ahuyentar la agradable pesadez de p\u00e1rpados que sent\u00eda, sensaci\u00f3n tanto tiempo desconocida para ella.<\/p>\n<p> \u2014No recuerdo \u0096\u2014minti\u00f3 el b\u00faho\u2014. \u00a1Son tantos rostros!<\/p>\n<p> Entonces Bij\u00edn, a punto de liarse en el velo que el sue\u00f1o nos teje para atraparnos, a modo de tierna despedida, acarici\u00f3 con el dedo coraz\u00f3n el vientre del animal dibujando en \u00e9l su verdadero nombre. Un gesto extra\u00f1o, en un lienzo extra\u00f1o, con unos garabatos extra\u00f1os, simples, como salidos de un olvidado cuaderno infantil.<\/p>\n<p> Aquel b\u00faho, ignorante de alfabetos, mientras conduc\u00eda a su amiga con ternura hasta la cama, repasaba los dibujos mentalmente, como para no olvidarlos: un p\u00e1jaro con las alas extendidas, un \u00e1rbol delgado de copa redonda, dos monta\u00f1itas unidas por los picos en un imposible equilibrio a punto de romperse y dos r\u00edos que se un\u00edan en un valle para continuar juntos el camino.<\/p>\n<p> Despu\u00e9s, en lugar de esperar al sol en el alf\u00e9izar, contemplando el reposo de su amiga, como siempre hac\u00eda, vol\u00f3 hacia el norte de la noche sin atreverse a mirar atr\u00e1s. Ni siquiera cuando, ya lejos del castillo, se detuvo sobre una rama que, acogedora, invitaba al descanso de sus alas y de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p> Empez\u00f3 a notar latidos en sus sienes y vio como las estrellas giraban alrededor de una luna que iba creciendo y creciendo haci\u00e9ndose inmensa. Sus patas temblaron, quiz\u00e1 de terror, y dej\u00f3 de notar la rama soportando su peso. Se sinti\u00f3 cayendo al vac\u00edo durante interminables segundos mientras cesaban latidos, lunas, estrellas y miedos. Desvanecido sobre la yerba, s\u00f3lo qued\u00f3 oscuridad y silencio.<\/p>\n<p> Aquellas noches de complicidad y asombro, apenas nueve meses fugaces, terminaron tan inesperadamente como empezaron. Estaba reci\u00e9n llegado el verano, y en la corta noche siguiente, el b\u00faho no apareci\u00f3; y la cita habitual dej\u00f3 de serlo para convertirse, primero, en espera, y luego, en desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p> Cuando ya casi despuntaba el d\u00eda, un papel arrugado sobre una piedra entr\u00f3 a gran velocidad por la ventana que el b\u00faho usaba como puerta. Bij\u00edn, extra\u00f1ada, pues la ventana estaba verdaderamente alta respecto del suelo, desenvolvi\u00f3 el guijarro y alis\u00f3 el papel con mimo. Se asom\u00f3 a la ventana intentando adivinar la procedencia del inesperado regalo, esperando encontrar indicios de a quien deseaba encontrar.<\/p>\n<p> No se ve\u00eda nada ni a nadie. S\u00f3lo silencio. Y esa luz mortecina que tienen las cosas cuando se acerca el d\u00eda y el sol se adivina detr\u00e1s del horizonte por el que suele saludar. Mir\u00f3 el trozo de papel y vio trazos que no supo interpretar. Un dibujito del contorno de una persona dentro del cual hab\u00eda un animal&#8230; que parec\u00eda un&#8230; un&#8230; \u00a1Cielos! \u00a1Era un b\u00faho! S\u00ed, s\u00ed. Estaba segura&#8230; dibujada sobre el papel hab\u00eda una persona que llevaba en su interior un b\u00faho. Not\u00f3 como en su coraz\u00f3n, s\u00edstole y di\u00e1stole comenzaron una carrera de \u00absangre a trav\u00e9s\u00bb, y sinti\u00f3 latir por sus sienes la emoci\u00f3n desbocada.<\/p>\n<p> Y ten\u00eda un objeto en el cuello&#8230; a ver&#8230; La princesa se acerc\u00f3 a la luz de una vela y le pareci\u00f3 que la figura del dibujo llevaba en su cuello una especie de&#8230; \u00bfpiedra?<\/p>\n<p> \u00a1El guijarro! Lo busc\u00f3 por el suelo con la mirada, se acerc\u00f3 y con manos temblorosas se lo llev\u00f3 a la altura de los ojos para sorprenderse mejor&#8230; \u00bfY ahora qu\u00e9? Frot\u00f3 la piedra, como si fuese una l\u00e1mpara; la bes\u00f3, como si fuera una rana; incluso intent\u00f3 morderla como si se tratase de una manzana. Pero no pas\u00f3 nada. \u00a1Menudo timo el asunto este de los cuentos de hadas! As\u00ed que decidi\u00f3 esconder piedra y papel bajo su almohada mientras se le ocurr\u00eda algo.<\/p>\n<p> El d\u00eda transcurri\u00f3 cansinamente en el reloj, sin siquiera perdonarle un minuto a la impaciencia y la turbaci\u00f3n de Bij\u00edn, que deambulaba como ausente por los corredores de palacio, d\u00e1ndole vueltas al misterio. Cometi\u00f3 el gran error de no querer comer nada, ensimismada en sus pensamientos, sin darse cuenta de que, un est\u00f3mago satisfecho, en agradecimiento, inyecta serenidad a los problemas que nos acucian.<\/p>\n<p> Todo pasa y todo llega. Y la noche la sorprendi\u00f3 en su torre, tumbada sobre la cama, mirando y remirando la piedra sin descubrir nada. En un momento de des\u00e1nimo comenz\u00f3 a envolverla otra vez en el papel para guardarla bajo la almohada pero le llamaron la atenci\u00f3n unas arrugas del papel extra\u00f1amente parecidas a dibujos&#8230; un p\u00e1jaro, un arbolito,&#8230; Las fue repasando con su dedo para cerciorarse de que exist\u00edan y para verlas con m\u00e1s claridad&#8230; Y fue entonces cuando, sin boato ni pirotecnia, la piedra cay\u00f3 sobre su pecho, sin hacer el m\u00e1s m\u00ednimo ruido y sin que ella sintiera el m\u00e1s leve contacto.<\/p>\n<p> Se incorpor\u00f3 un poco y&#8230; \u00a1s\u00ed! All\u00ed estaba el espejo colgando de su cuello. Su sonrisa ilumin\u00f3 todo el reino, aunque nadie supo verlo. Se levant\u00f3 corriendo y se acerc\u00f3 a la ventana, espejo en mano, dispuesta a ver en \u00e9l no sab\u00eda muy bien qu\u00e9.<\/p>\n<p> Aquel rostro c\u00e1lido y humano, el que una vez vio con su amigo b\u00faho, sonri\u00f3 en la luna del espejo, mientras la del cielo se asomaba con curiosidad por entre las estrellas. El rostro desconocido movi\u00f3 los labios pronunciando con claridad, inconfundiblemente, su nombre verdadero. Ella supo alegrarse tanto como la ocasi\u00f3n merec\u00eda y entendi\u00f3, en un abrir y cerrar de pesta\u00f1as, todo, todo, todo&#8230; Todo salvo, quiz\u00e1, la casualidad de haberle ocurrido precisamente a ella.<\/p>\n<p> Aqu\u00ed acaba todo lo que yo s\u00e9 y puedo contar, pero no el cuento. Se quedan en el tintero algunos misterios sobre princesa y b\u00faho pero&#8230; la historia quiz\u00e1s contin\u00fae. De ti depende. Porque t\u00fa ya sabes bien qui\u00e9n es la princesa, qui\u00e9n es el b\u00faho&#8230; y llevas un rato leyendo mis labios en este espejo m\u00e1gico, que nos une tanto como nos separa.<\/p>\n<p> (Francisco Jos\u00e9 P\u00e9rez, Septiembre 2006)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00c9rase una vez, en un tiempo lejano e inaccesible para la memoria, una princesa joven y hermosa, como todas las que habitan cuentos, que viv\u00eda en un castillo amplio y fr\u00edo, con vistas sublimes a un mar azul turquesa y a una monta\u00f1a tan blanca como lejana. 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