Cansado, terriblemente cansado, agotado hasta la extenuación, estoy delante del teclado sin saber bien por qué. Los párpados se rebelan a la luz de la pantalla que tengo enfrente, y noto mis pupilas inertemente planas. Los dedos se mueven autómatas, como si tuvieran cibervida propia, y no consigo saber hacia donde me llevan. En esto, … Sigue leyendo Cerrando
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